Comprar online se ha vuelto tan habitual como preparar un café por la mañana. Un clic, una confirmación, y en pocas horas tienes lo que necesitas (o simplemente deseas) en la puerta de tu casa. Rápido, cómodo, sin colas ni horarios. Pero detrás de cada paquete que llega a casa, hay una cadena de impactos invisibles que no siempre tenemos en cuenta.
Hoy te invitamos a mirar la otra cara de tus compras online.
La trampa de la entrega urgente: Elegir la opción de entrega rápida parece inofensivo, pero tiene consecuencias. Al priorizar la velocidad, las empresas necesitan hacer más trayectos con furgonetas menos llenas, lo que significa:
Más tráfico en las ciudades.
Más emisiones contaminantes.
Más estrés logístico (y humano).
¿Y qué pasa con las devoluciones? Las devoluciones gratuitas han cambiado nuestra forma de comprar. Pedimos tallas por duplicado, colores para comparar, cosas “por si acaso…” y luego devolvemos sin pensar demasiado. Pero cada devolución implica:
Un nuevo transporte.
Más recursos logísticos.
Y en muchos casos, el producto no se revende y acaba en el vertedero.
El embalaje: el gran olvidado. Abrimos cajas con ilusión, pero muchas veces descubrimos una cantidad absurda de envoltorios: plásticos, bolsas de aire, papeles innecesarios… todo para proteger algo que cabía en la palma de la mano. Este tipo de residuos:
Aumentan la huella de carbono del producto.
Tienen un alto coste de producción.
Y terminan rápidamente en la basura, muchas veces mal separados.
¿Qué podemos hacer como consumidores? Comprar por internet no es un pecado ecológico. De hecho, puede ser incluso más eficiente que ir en coche a un centro comercial, si se hace bien. Aquí van algunas ideas:
Agrupa pedidos y evita las entregas urgentes.
Compra en plataformas locales o que ofrezcan recogida en tienda/puntos de entrega.
Infórmate bien antes de comprar: lee opiniones, guías de tallas y evita devoluciones innecesarias.
Reutiliza cajas y envoltorios siempre que puedas.